¿Alguna vez te has encontrado comiendo algo no porque tuvieras hambre, sino simplemente porque te resultaba irresistible? Este fenómeno se conoce como «alimentación hedonista» y es mucho más común de lo que pensamos. A diferencia del hambre que sentimos cuando nuestro cuerpo necesita energía, la alimentación hedonista está impulsada por la recompensa y el placer que obtenemos al consumir alimentos, especialmente aquellos altos en calorías y con sabores mejorados.

¿Cómo Funciona la Alimentación Hedonista?

Este tipo de alimentación es parte de lo que se conoce como control no homeostático del apetito, donde nuestro sistema mesolímbico, una región del cerebro asociada con la recompensa, juega un papel clave. Cuando ayunamos y nuestros niveles de glucosa son bajos, ciertas neuronas en el hipotálamo lateral se activan, lo que desencadena la estimulación de neuronas dopaminérgicas en el área tegmental ventral.  Esto aumenta nuestro deseo de consumir alimentos de manera hedonista, buscando ese «subidón» de placer que estos alimentos nos proporcionan.

Tomado de:DOI: 
10.22201/fm.24484865e.2023.66.3.02

Además, el cortisol, una hormona del estrés producida por las glándulas suprarrenales, también puede intensificar esta respuesta, lo que nos hace más propensos a buscar alimentos altamente calóricos en momentos de estrés o ansiedad.

La Desregulación del Sistema de Recompensa y la Obesidad

En un mundo donde la obesidad se ha convertido en un problema de salud global, la alimentación hedonista ha sido objeto de numerosos estudios. Se ha demostrado que las personas con obesidad tienden a tener una respuesta de recompensa aumentada ante alimentos altamente calóricos, lo que los lleva a consumir más para experimentar el mismo nivel de placer. Con el tiempo, este sistema de recompensa se vuelve menos sensible, lo que obliga a las personas a comer en exceso para obtener la misma gratificación, perpetuando un ciclo de sobrealimentación.

Este fenómeno es similar a una adicción, donde los antojos por alimentos ricos en azúcar, sal y grasas se asemejan a los antojos que experimentan las personas adictas a sustancias psicoactivas. Además, la resistencia a la insulina y a la leptina, hormonas clave en la regulación del apetito, contribuye aún más a la desregulación de este sistema en personas con obesidad.

Trastorno por Atracón: Un Problema Relacionado

El trastorno por atracón (BED, por sus siglas en inglés) es otro trastorno relacionado con la desregulación del sistema de recompensa. Se caracteriza por episodios en los que se consume una gran cantidad de alimentos de manera incontrolable en un corto período de tiempo, y a menudo coexiste con la obesidad. Este trastorno comparte similitudes con la adicción a sustancias, incluyendo cambios en áreas del cerebro como la corteza prefrontal y el cuerpo estriado ventral. Además, emociones negativas como la ira, el miedo o la tristeza a menudo preceden a los episodios de atracón, lo que hace que la psicoterapia sea una parte crucial del tratamiento.

La comprensión del control no homeostático del apetito y la alimentación hedonista es fundamental para abordar los desafíos actuales relacionados con la obesidad y los trastornos alimentarios. No se trata sólo de fuerza de voluntad, sino de complejos procesos biológicos y psicológicos que influyen en nuestros hábitos alimenticios. Conocer estos mecanismos nos permite desarrollar estrategias más efectivas para mejorar la salud y el bienestar de las personas.

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DOI: 

https://doi.org/10.3390/ijms25158202

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