Querido lector, en este momento fértil para el cultivo del ocio, queremos hablar del tratamiento homeopático de la neumonía, un tema que nos apasiona. Con tu beneplácito, lo haremos en tres partes: Primero (parte 1), compartiremos nuestra experiencia en cierta unidad académica, donde hemos tratado más de una decena de casos con éxito y sin antibioticoterapia —no te preocupes, discutiremos las consideraciones éticas al final—; luego (parte 2), presentaremos un par de casos-ejemplo tratados con Lycopodium clavatum y Belladonna atropa y finalmente (parte 3), discutiremos un par de artículos científicos. Comencemos.
En los últimos dos años, en cierta clínica homeopática de cierta unidad académica de cierta institución, hemos tratado a más de diez pacientes con diagnóstico clínico de neumonía adquirida en la comunidad, lo anterior sin prescribir antibioticoterapia, sólo con homeopatía individualizada, con éxito. Al no contar con radiografías de tórax, decidimos no publicar la serie de casos; pero queremos compartir nuestra experiencia contigo.
Imparcial y amable lector, confieso que el tratamiento de la neumonía fue motivo de aprehensión para mí; prescribía con la mayor atención y los pacientes evolucionaban mal: Los síntomas se agravaban y la taquipnea y la saturación parcial de oxígeno (SpO2) se deterioraban; pero no podía ser una agravación homeopática ni una segunda observación de Kent porque los signos clínicos cambiaban o se extendían: aparecían adenomegalias o matidez y se extendían los signos de consolidación —signos torácicos de neumonía—.
Como puede esperarse, los signos clínicos fueron la solución; específicamente, repertorizarlos, considerarlos al comparar en la materia médica. ¿Sabes tú acaso, lector paciente, que la matidez puede repertorizarse?, ¿o los ruidos adventicios?, ¿o la localización del proceso neumónico?. Si tienes a la mano un repertorio Synthesis Esencial, ve a PECHO-HEPATIZACIÓN, a RESPIRACIÓN-ESTERTOROSA o a PECHO-INFLAMACIÓN-Pulmones; el primer rubro es sinónimo perfecto de la matidez franca a la percusión del tórax, el segundo es análogo a los estertores roncantes o los crepitantes gruesos, que se transmiten a la boca y el tercero describe al proceso neumónico y lo circunscribe a un lóbulo pulmonar —el útlimo rubro es muy valioso para diferenciar un medicamento de otro—.

Aquí, nos permitimos recordar el parágrafo 90 del Organon, que enfatiza la exploración física: «…¿cuál era el color de su rostro (…)?, ¿cómo estaba su lengua, su respiración, su aliento (…)?, ¿estaban sus pupilas dilatadas o contraídas?, ¿con qué rapidez y en qué medida se alteraban en la obscuridad y a la luz?, ¿cómo era su pulso?… (Hahnemann, 2020).
Así, en ese arcano lugar, abordamos la neumonía con énfasis en los signos clínicos. ¿Qué observamos?, una mejoría superior que la observada con antibioticoterapia en cuanto al comienzo de la acción y su rapidez: La mayoría de los pacientes mostró cambios desde las primeras horas, siendo la fiebre la primera manifestación en ceder y la mayoría de los cuadros se resolvió en una semana, comprobando la normalización de la frecuencia respiratoria y la SpO2; así mismo, los signos de consolidación pulmonar se resolvieron en menos de dos semanas, tempranamente respecto de lo observado con antibioticoterapia.
¿Cuáles son las consideraciones éticas?. ¿Si eres médica o médico, la conducta ideal es combinar la antibioticoterapia con la homeopatía. Si eres licenciada o licenciado en homeopatía, prescribe homeopatía, toma las manifestaciones más características según el parágrafo 153 del Organon (Hahnemann, 2020); el tratamiento homeopático puede —según nuestra experiencia— curar la neumonía o, cuando menos, mejorar su curso; pero refiere al paciente: la neumonía puede ser o tornarse muy grave. Aclaramos que todos los casos que tratamos aquí aceptaron el tratamiento homeopático exclusivo, que ofertamos porque no tenían ningún criterio de hospitalización y podíamos seguirlos de cerca.
Cerrando estas líneas, atento lector, nuestra mejor recomendación es la siguiente: interroga lo agudo, explora el tórax e incluye los signos de consolidación pulmonar, especialmente en qué lóbulo se encuentran.
Espera la parte 2, en la que mostraremos un par de ejemplos reales con sus repertorizaciones.


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