¡Semiológico lector, es un placer encontrarnos de nuevo!, más luego de este largo ínterin. Hoy queremos presentarte dos casos agudos: una mujer de 65 años de edad con una neumonía adquirida en la comunidad y otra de 20 años de edad con una sobreinfección bacteriana, tratadas con Lycopodium clavatum y Belladonna atropa respectivamente.

Caso uno: Neumonía atípica después de un susto

¿Un susto?, podrías inquirir, lector inquisitivo. Sí, el esposo de la paciente sufrió una emergencia hipertensiva dos semanas antes de que iniciaran los síntomas de vía aérea inferior de la última; ¿es acaso aventurada la asociación?

«El estrés es conocido por deprimir la función inmune y aumentar la susceptibilidad a una miríada de enfermedades o exacerbarlas (…); de hecho, es difícil encontrar una enfermedad para la cual las emociones o el estrés no jueguen un papel en la intensidad de los síntomas o la frecuencia o gravedad de las agudizaciones» (Lehrer, 2006). Ritz y Kullowatz (2005) discuten que puede esperarse una caída de la función pulmonar en los estados emocionales negativos; en ese tenor, se ha demosatrado que el FEV1 y la FVC (volumen espiratorio forzado en el primer segundo y capacidad vital forzada —valores espirométricos—, por sus siglas en Inglés) son menores y se deterioran con mayor rapidez en personas adultas mayores con niveles altos de hostilidad (Kubzansky et al., 2006), mientras que el optimismo podría tener un efecto protector (Kubzansky et al., 2002). Respecto de la funcion inmune, se ha demostrado que el estrés psicológico puede menoscabar la respuesta a la infección, incluyendo la clínica, los títulos de anticuerpos y la producción de interleucinas, entre otros (Kiecolt-Glaser et al., 2002).

Después del paréntesis, lapso que robamos de tu amable atención, hablemos de la primera paciente. Se trata de una mujer de 65 años de edad sin antecedentes relevantes, cuyo esposo ingresó a un servicio de urgencias por una emergencia hipertensiva, cuadro definido por el daño a órgano blanco1; dos semanas después, ella inició con dificultad respiratoria, ansiedad que mejora al aire libre, dolor laríngeo urente (ardor), tos no productiva (sin flemas) y obstrucción nasal, sin fiebre. A media entrevista, la paciente, visiblemente inquieta, dijo que deseaba irse: abrir la ventana la calmó ostensiblemente; a la inspección general era notoria la cianosis central, especialmente en los labios; la frecuencia respiratoria era de 16 por minuto; a la exploración torácica había tiraje, expansión asimétrica con restricción en la región basal derecha y aumento del frémito vocal y submatidez sobre el segmento lateral del lóbulo medio, sin signos a la auscultación.

Siguiendo la recomendación del énfasis en los signos clínicos (https://cienciaymedicina.com.mx/2025/09/06/tratamiento-homeopatico-de-la-neumonia-parte-1-nuestra-experiencia/), tomemos el pulmón derecho —el lóbulo medio no está representado en el repertorio Synthesis Escencial (Schroyens, 2009)—, la submatidez y la cianosis; también la causa probable y la ansiedad observada en el consultorio —el deseo de salir que mejoró al abrir la ventana—.

El similimum de este caso es Lycopodium clavatum. Bibliográfico lector, los Síntomas Guía de nuestra Materia Médica (Hering, 1879), compendio exhaustivo y rico en signos clínicos, pintan el cuadro neumónico de Lycopodium clavatum con gran disnea, incluyendo la facies disneica —angustiosa, con los ojos abiertos, aleteo nasal y cianosis central—, la posición en trípode y el habla con frases cortas; interesantemente, la paciente tenía cianosis central y otro signo de dificultad respiratoria: el tiraje. En el mismo tenor, encontramos otra pincelada semejante: ¡la broncofonía!, uno de los signos de consolidación pulmonar del caso, que puede leerse como tal bajo «Pecho interno y pulmones» en esa obra. Finalmente, antes de seguir con el siguiente caso, no podemos omitir que la paciente no quiso desvestirse para la exploración del tórax —a pesar de la presencia de mis alumnas—, otra consonancia con Lycopodium clavatum, con valor 3 bajo el rubro MENTE-TIMIDEZ.

Una sobreinfección bacteriana

Hablemos del siguiente caso. Trata de una estudiante de 20 años de edad, sin antecedentes relevantes, cuyo cuadro comenzó con febrícula de 37.4 °C el primer día, luego presentó dolor faríngeo (de garganta) urente y tos no productiva causada por una sensación de sequedad —señalando su laringe— ; el noveno día, la tos se convirtió en productiva, con expectoración difícil y dificultad respiratoria leve, en reposo «como si hubiera corrido» (sic); inició con un jarabe para la tos y expectoró más, reportando una flema verde-amarilla, filante.

Quiero hacer un paréntesis para aclarar que la paciente tomó guaifenesina, un agente —como otros expectorantes y mucolíticos—, que puede aumentar el volumen y disminuir la viscosidad de las secreciones bronquiales (flema); así, es conveniente diferenciar las características de la flema antes y después de la toma de jarabes o medicamentos para la tos. Técnico lector, si incluyéramos la flema en el síndrome mínimo de valor máximo, confiaríamos en el rubro EXPECTORACIÓN-DIFÍCIL y no en EXPECTORACIÓN-FILAMENTOSA o FILANTE.

La vi el duodécimo día: llegó con taquipnea (respiración rápida), respirando 24 veces por minuto y notoria disfonía (voz ronca); la palpación del cuello no reveló adenomegalias (ganglios linfáticos inflamados), pero sí algo raro —característico por definición, según el parágrafo 153 del Organon (Hahnemann, 2016)—: ¡la palpación del cuello y el tórax superior provocaba la tos!, ¡¡maravilloso!!. La exploración torácica también demostró submatidez y broncofonía en la región apical derecha. Veamos la repertorización:

Belladonna atropa resolvió pronto esta neumonía: después de una semana, su frecuencia respiratoria era de 14 —antes 24— y los signos de consolidación desaparecieron.

Lector amable, no detengamos aquí el placer de nuestro intercambio. Con tu venia, toquemos brevemente al gran neumónico de la materia médica: Phosphorus. Hace pocos días, traté dos casos de neumonía con el gran policresto: En el primero, un niño de 10 años con ataque importante al estado general, quien había tenido una alucinación febril la noche anterior a la consulta, la prescripción se definió por la presencia de graznido inspiratorio a la auscultación —sólo he leído ese signo bajo Phosphorus2—; en el segundo, una mujer en la quinta década, que acudió por tos aguda, la prescripción se definió porque ella refirió vómito durante la fiebre, un rubro muy pequeño. Querido lector, sólo después, comentando los casos, ¡caímos en la cuenta de que ambos pacientes querían contacto físico!, ¡¡algo tan característico de Phosphorus!!: el niño tomó mi mano, acostado en la mesa de la exploración, y la puso en su pecho, abrazándola; la mujer, colaboradora nuestra, pidió un abrazo durante la consulta cuando nunca lo había pedido antes.

Cerremos por fin la kilométrica entrada con la siguiente recomendación, entreverada en la redacción de estos casos: Los signos, lo objetivo, lo observable, tiene gran valor cuando se trata al paciente con neumonía.

Gracias, lector olímpico, por acompañarnos hasta aquí. Nos encantaría leer tus comentarios.

  1. Analítico lector, podemos pensar que la paciente se expuso a un contagio por contacto directo al visitar una sala de espera probablemente hacinada, argumento válido; pero la clínica homeopática toca las causas probables desde muchos puntos de vista y decidí tomar el susto porque la paciente lloró al recordar el episodio, reflejando su trascendencia. Como aclaración, no se tomó cual síntoma rector o eliminativo, pero se integró en el síndrome mínimo de valor máximo. ↩︎
  2. Los Síntomas Guías de nuestra Materia Médica (Hering, 1879) enuncian el signo «gemido medio sofocado a la mitad de la inspiración», descripción análoga al graznido inspiratorio de la semiología respiratoria. ↩︎

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